Prometeo y la humanidad
Hace mucho tiempo, en un valle de cuento donde corrían aguas frescas y se alzaban plátanos enormes, vivía un héroe sabio llamado Prometeo. Prometeo era un sabio fuerte con un corazón enorme lleno de amor por los humanos y con un valor que no se doblaba. En aquellos tiempos las personas sin remedio temblaban en cuevas oscuras y se abrazaban unas a otras para protegerse del viento frío. De día la escasa luz del cielo no bastaba, y de noche la oscuridad total metía un gran miedo en sus corazones. Pero los gobernantes orgullosos de la montaña alta disfrutaban del fuego cálido y escondían este regalo valioso de las personas con celos. Un día Prometeo bajó a los pueblos y sintió una tristeza profunda al ver las manos de los niños que se helaban de frío.
“No puedo cerrar más los ojos ante esta injusticia; las personas también tienen derecho a calentarse y a tener luz”, pensó. Cuando llegó la medianoche, salió a un viaje peligroso para subir a escondidas al palacio de las altas montañas. Pasando por las rocas escarpadas donde el viento soplaba con dureza, llegó en silencio junto al gran fuego que lanzaba chispas. Tocando la punta de una rama larga y seca en este fuego brillante, tomó una llama pequeña pero fuerte. Escondiendo el fuego con cuidado sobre su pecho, corrió deprisa por los senderos oscuros hacia abajo, junto a las personas. Las personas que vieron esta luz cálida brillar en la oscuridad se sorprendieron mucho y sintieron una gran alegría.
Prometeo sonrió a las personas y les enseñó con paciencia a encender el fuego, a cocinar comida y a calentarse. Cuando los gobernantes orgullosos del cielo supieron que el fuego había sido dado a las personas, les entró una gran ira. Enviaron enseguida guardias fuertes hacia abajo para castigar a Prometeo y recuperar el fuego brillante. Pero el héroe valiente protegió a las personas poniendo su propio pecho por delante y confió el fuego a sus corazones. Las personas se dieron la mano y lograron extender esta luz sagrada a cada rincón del valle. Así las cuevas oscuras se convirtieron en hogares cálidos, y la humanidad miró al futuro con esperanza por la fuerza de la unión. Una bondad que se comparte con valor basta para iluminar hasta la oscuridad más honda. Haz el bien y échalo al mar; si el pez no lo sabe, lo sabe el Creador.