No responder también es una respuesta
Érase una vez, al borde de un bosque profundo donde susurraban los árboles sombríos, un burro malhumorado. Cada vez que este burro veía a un animal seguro de sí mismo, hervía de envidia y quería armar jaleo sin parar. En los matorrales espesos de ese mismo bosque, en cambio, vivía un jabalí sabio que andaba con pasos imponentes y al que todos respetaban. Con sus colmillos fuertes y su mirada aguda, este animal valiente era conocido por ser justo y bastante sereno. Una mañana de primavera el jabalí bajaba alegre por el sendero para buscar raíces frescas. El burro soberbio, que estaba parado en mitad del camino, vio al jabalí, le cortó el paso y empezó a rebuznar con burla. "¡Eh, señor del barro, qué gracioso te ves con esa cara tan fea!", gritó.
El jabalí se detuvo un momento, pero quiso seguir su camino como si no hubiera oído esas palabras groseras. Al no recibir respuesta, el burro se volvió aún más insolente, alzó la voz y encadenó un insulto feo tras otro. "¿No tienes nada de valor, que te tragas estas palabras tan duras y huyes?", siguió provocándolo. Los demás pájaros simpáticos y los conejos curiosos del bosque empezaron a mirar con ojos inquietos la pelea que venía. El burro se jactaba creyendo que había enfurecido a su rival, y en su cabeza se creía fuerte. El jabalí se volvió con pasos pesados y levantó despacio la cabeza de modo que brillaran sus colmillos afilados. Cuando se miraron a los ojos, un hondo silencio cayó sobre el bosque y todos contuvieron el aliento y esperaron.
El imponente jabalí lanzó a la pobre criatura que tenía delante una mirada honda de desprecio y de lástima. No se vio capaz de gastar su cuerpo fuerte y su energía en un charlatán sin seso. "Darte un solo golpe te haría valioso, pero tú ni siquiera mereces mi enfado", pensó. Sin decir nada, dio la vuelta y desapareció con pasos dignos entre la espesa vegetación. El burro soberbio, sin hallar respuesta a su insulto, se quedó allí plantado y solo a la vista de todos. Un corazón noble da la mayor respuesta callando ante las provocaciones del ignorante. Si la palabra es plata, el silencio es oro.