Momo y Afrodita
Érase una vez, en un magnífico palacio sobre las nubes, vivían dioses y diosas alegremente. El habitante más cascarrabias de este palacio dorado era Momus, el Dios de la Crítica, que encontraba defectos en todo. La hermosa Afrodita salió al jardín con gracia un día, y todos quedaron maravillados por su deslumbrante belleza. Con su vestido deslumbrante y su cabello amarillo dorado, era lo suficientemente atractiva como para dar envidia a todas las flores del jardín. Pero Momus actuó de inmediato para buscar un defecto oculto detrás de esta belleza impecable.
Momus comenzó a mirar a Afrodita de pies a cabeza con sus ojos afilados y a examinarla cuidadosamente. Primero miró su suave tono de voz y su dulce sonrisa, pero no pudo encontrar ningún defecto. Luego se concentró en sus ropas de seda y en la gracia única de su caminar, pero volvió a fracasar. Todos observaban el esfuerzo de Momus con curiosidad, y un profundo silencio reinaba en el palacio. Finalmente, lanzando un suspiro lleno de envidia, gritó con afán. "¡Por fin te atrapé, es imposible que te veas tan impecable!", murmuró Momus.
Afrodita sonrió y preguntó: "¿Qué clase de defecto encontraste en mí?". Momus dio un paso al frente con arrogancia y dijo: "¡Las sandalias de tus pies hacen demasiado chirrido al caminar!". Todos en el jardín soltaron la carcajada ante esta divertida crítica. Afrodita mantuvo la calma ante esta acusación sin sentido y sonrió amablemente. Sabía muy bien que las personas que buscan defectos incluso en la perfección nunca pueden ser felices.
Mientras Momus intentaba presumir de este detalle insignificante que encontró, se convirtió en el hazmerreír. Indefenso ante la belleza impecable, el crítico cascarrabias se alejó en silencio lleno de vergüenza. La gente del palacio celebró la gracia y la sabiduría de Afrodita con aplausos. Las personas que siempre buscan un defecto en todo nunca pueden disfrutar de las bellezas. Quien busca un amigo sin defecto se queda sin amigo.