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Los perros y los cocodrilos

Nivel B2 · 330 palabras

Los perros y los cocodrilos

Érase una vez, a la orilla de un río espléndido por donde corrían con estruendo aguas frescas, unos perros alegres. En las aguas hondas y turbias de este ancho río, en cambio, se escondían cocodrilos astutos con los ojos siempre buscando presa. En los calores abrasadores los perros tenían que bajar a la orilla del río para calmar su sed. Pero como conocían el gran peligro del agua, nunca se detenían a beber con calma. Mientras corrían deprisa a lo largo del río, sorbían de prisa unos cuantos tragos de agua. Un día el cocodrilo más grande y más viejo del río sacó despacio la cabeza de entre los juncos donde acechaba. Llamó con voz amistosa a un perro listo que corría por la orilla intentando beber.

"¿Por qué corres con tanta prisa, querido amigo mío?", preguntó el cocodrilo con dulces palabras. "Detente y bebe a gusto de esta agua dulce, nadie te hará daño", añadió. El perro era demasiado experto y demasiado despierto para caer en la falsa cortesía del cocodrilo. Sin aminorar en nada sus pasos, siguió corriendo por la orilla del río. Sin apartar los ojos de los dientes afilados del cocodrilo, le habló con orgullo. "A mí también me gustaría mucho disfrutar largamente del agua tibia", dijo el perro astuto. "Pero conozco muy bien tu intención de convertirnos en una sabrosa cena."

Cuando el cocodrilo comprendió que su plan astuto no había funcionado, agitó las aguas con rabia. El perro listo avisó a sus otros amigos y se quedó a una distancia segura de la orilla. Los perros, al notar el peligro oculto tras las dulces palabras, nunca soltaron la prudencia. Así, el taimado habitante del río tuvo que hundirse con el estómago vacío en las aguas hondas y frías. Los perros valientes, en cambio, salvaron la vida y siguieron seguros con sus alegres carreras. No dejarse engañar por las dulces palabras de los enemigos que parecen amigos es la mayor llave para seguir vivo. No tomes por amigo a todo el que te sonríe.