Los ojos y la boca
Érase una vez, al borde de un viejo bosque donde fluían aguas frescas, vivía un lindo viajero. Los órganos del cuerpo de este viajero siempre trabajaban en gran armonía entre ellos. Sin embargo, una mañana soleada de primavera, se produjo una disputa inesperada entre dos ojos brillantes y una boca cariñosa. Al ver las manzanas de color rojo vivo en la rama, los dos ojos se declararon a sí mismos la parte más importante del viajero. Guiando cada paso del viajero, los ojos habían comenzado a mirar un poco por encima del hombro a los demás órganos.
Guiñando los ojos con orgullo, se giraron hacia la boca y dijeron: "Solo nosotros vemos todas las bellezas del mundo y las deliciosas frutas". La boca sonrió ante estas palabras arrogantes y respondió con voz tranquila. "Ver es sin duda hermoso, pero yo soy quien prueba esas dulces frutas y da fuerza al cuerpo", dijo la boca. Enfadados por estas palabras, los ojos se cerraron diciendo: "Si no guiamos el camino, no podrás alcanzar ninguna fruta". Cuando todo se convirtió de repente en una oscuridad absoluta, el viajero se confundió sobre dónde estaba y se tambaleó por un momento.
Incapaz de ver hacia adelante, el viajero no se dio cuenta de dónde pisaba y cayó en un pozo profundo. La boca también sentía dolor por el impacto y ya no podía decir palabras dulces. Mientras los ojos permanecían cerrados, se dieron cuenta de que el cuerpo se debilitaba y el hambre amenazaba a todos. Al comprender su error, los ojos abrieron lentamente los párpados con arrepentimiento y comenzaron a examinar los alrededores de nuevo. Saliendo del pozo con la luz de los ojos, el viajero se dirigió hacia el cercano arbusto de moras frescas.
La boca masticó las deliciosas moras traídas por los ojos bocado a bocado, proporcionando al cuerpo la energía necesaria. Ambos órganos comprendieron que no significaban nada por sí solos, sino que solo podían existir juntos. Desde aquel día, los ojos y la boca aportaron alegría a la vida del viajero cooperando de manera amistosa. Cada parte del cuerpo se necesita mutuamente, y solo a través de la solidaridad se logra una verdadera totalidad. Una piedra no hace pared.