Los monjes errantes
Hace mucho tiempo dos monjes viejos viajaban por aldeas lejanas. Los monjes tenían un burro muy trabajador para sus cosas. Cada día el burro llevaba sacos pesados y nunca se quejaba. Los monjes pedían comida y dinero a los aldeanos. El buen burro se despertaba temprano cada mañana y salía al camino. Pasaron los años y el fiel burro se hizo muy viejo. Un día el pobre animal cayó al suelo y murió.
Al principio los monjes se pusieron un poco tristes por su burro. Pero después tuvieron una idea muy astuta. Con la piel del burro hicieron un tambor grande y bonito. Con el tambor nuevo fueron de aldea en aldea y tocaron música. Un aldeano curioso los vio y se acercó. El aldeano preguntó a los monjes: "¿Qué pasó con su burro viejo?" Los monjes sonrieron y golpearon rápido el tambor grande.
Un monje dijo: "Nuestro burro está muerto, pero todavía nos da dinero." El sonido del tambor llenó toda la plaza de la aldea. El aldeano oyó esta respuesta y se quedó muy sorprendido. Los monjes tocaron el tambor y siguieron su camino. La gente astuta siempre quiere usar el trabajo de los demás. El burro muere y deja la silla, el hombre muere y deja su obra.