Los dos pretendientes
Érase una vez, un comerciante sabio que vivía junto a un bosque antiguo por donde corrían aguas frescas. Este comerciante tenía una hija hermosa que era inteligente y llena de bondad. Cuando la joven llegó a la edad de casarse, dos jóvenes diferentes del pueblo pidieron su mano. El pretendiente rico era orgulloso y arrogante, mientras que el pretendiente pobre era humilde y trabajador. El padre sabio decidió poner a prueba a los dos jóvenes para asegurar el futuro de su hija. El padre dio a los dos jóvenes tres días para encontrar y traer el tesoro más valioso de la naturaleza.
El joven rico fue a los comerciantes de oro y compró el diamante más grande con su fortuna. Estaba seguro de que el brillo del diamante encantaría a todos y de que ganaría la prueba fácilmente. El joven pobre, en cambio, partió llevando solo una bolsa de semillas y un vaso de agua. Al final del tercer día, los dos pretendientes se presentaron ante el sabio. El joven rico mostró su joya y dijo: “¡Este es el tesoro más valioso del mundo!” El joven pobre plantó su brote verde y dijo: “El verdadero tesoro es esta vida que crece con el trabajo.”
La joven sintió una profunda admiración por la respuesta tan significativa del muchacho. El padre sabio también sonrió y valoró la inteligencia y la sinceridad del joven pobre. El comerciante sabio recordó a todos que las cosas que se compran con dinero son pasajeras. El pretendiente rico se avergonzó cuando comprendió que su piedra no podía dar vida como un brote. La joven inteligente eligió como esposo al joven pobre que entregaba su corazón al trabajo y a la honestidad. La pareja, que se casó con una boda alegre, vivió toda la vida en amor y paz. El verdadero valor no se esconde en la apariencia, sino en el trabajo y la bondad que muestra una persona. El trabajo es el espejo de la persona.