Los dos gallos y el halcón
Érase una vez, dos gallos orgullosos vivían en una granja grande más allá de los valles verdes. Uno tenía plumas rojas que brillaban, y el otro tenía alas negras tan oscuras como la noche. Todas las gallinas de la granja miraban con admiración el andar elegante de estos dos gallos vistosos. Pero estos dos gallos orgullosos nunca podían aceptar compartir el mismo patio. Cada mañana al amanecer comenzaba una rivalidad feroz sobre cuál de los dos cantaría más fuerte. Un día se les acabó la paciencia y decidieron pelear para ser el único amo de la granja.
Batiendo las alas con furia, se lanzaron de repente uno sobre el otro con sus espolones afilados. Los animales de la granja contuvieron la respiración y miraron esta lucha feroz y polvorienta con gran emoción. Al final de la larga y violenta pelea, el gallo rojo le dio a su rival una dura derrota. El gallo negro, dolorido por los golpes, se escondió de miedo en el rincón de un gallinero oscuro. El gallo rojo vencedor infló el pecho con orgullo y subió enseguida al alto tejado del establo. Batiendo las alas de alegría, gritó a voz en cuello: “¡Yo soy el líder más fuerte de esta granja!”
Su canto, repetido con voz orgullosa, empezó a resonar por todo el valle. Sin embargo, un halcón hambriento que planeaba en el cielo notó enseguida esta voz alta y arrogante. Con sus ojos agudos apuntó al gallo vistoso del tejado y de repente se lanzó hacia abajo. El gallo rojo, que aún lanzaba gritos de victoria, desapareció entre las fuertes garras del halcón antes de entender siquiera lo que pasaba. El gallo negro, al comprender que el peligro había pasado, salió lentamente del rincón oscuro donde se escondía. Desde aquel día vivió en paz como el nuevo amo de la granja. La arrogancia inoportuna y el orgullo excesivo pueden llevar al desastre incluso en el momento más dulce de la victoria. Quien vuela bajo aterriza alto, y quien vuela alto aterriza bajo.