Los bueyes y los carniceros
Érase una vez, en una granja tranquila más allá de los valles verdes y frondosos, vivían bueyes enormes. Estos animales fuertes trabajaban todo el día en los campos y descansaban en la fresca sombra por las tardes. Un día, los bueyes se reunieron y decidieron rebelarse, pensando que los carniceros les hacían daño. Hicieron un plan para acabar con los carniceros y querían expulsarlos del bosque.
Sin embargo, un buey sabio y viejo intervino y detuvo a sus amigos. «Sí, los carniceros nos sacrifican, pero al menos hacen su trabajo con misericordia y rapidez», dijo el buey sabio. «Si acabamos con los carniceros, vendrá gente despiadada e inexperta en su lugar y nos causará aún más dolor», añadió. Los bueyes comprendieron que su amigo sabio tenía razón y renunciaron a su decisión apresurada.
Antes de cambiar la situación existente, hay que calcular bien lo que traerá el futuro. Salirse de Guatemala y entrar en Guatepeor. Un peligro desconocido es peor que un problema conocido. Las decisiones apresuradas conducen a mayores desastres. El cambio hecho sin pensar trae perjuicios. El problema viejo es mejor que un desastre nuevo.
Hay que valorar la situación actual. Un enemigo experimentado es mejor que un amigo inexperto. La rebelión apresurada trae desastres. El sentido común evita grandes pérdidas.