Las abejas y las avispas ante el juez
Érase una vez, en un bosque profundo con olor a tilo donde los árboles enormes daban sombra, un hueco encantador. En el hueco de esta vieja encina había panales de color dorado, más sabrosos de lo que las palabras dicen. Las abejas obreras volaban alegres todo el día y sostenían que ellas mismas habían hecho esa dulce delicia. Pero los zánganos perezosos insistían en que aquella miel deliciosa era obra de su propio trabajo. Esta gran disputa entre los dos bandos resonó por todo el bosque y ahuyentó su paz. Al final decidieron llevar el caso ante el tribunal del avispón sabio, conocido por juzgar con justicia. Las abejas se reunieron sobre la gran roca del bosque y contaron su caso con emoción al juez avispón.
El portavoz de las abejas perezosas alegó que la construcción de los panales era enteramente suya. Las abejas obreras, por su parte, contaron el polen de flores que habían reunido con mil esfuerzos y reclamaron su derecho. Como los testigos de ambos bandos no lograban presentar ninguna prueba firme, la vista se alargaba sin fin. El avispón sabio miró a la multitud que estaba de pie y pensó hondamente un buen rato. Luego paseó sus ojos agudos sobre las abejas y dictó un fallo ingenioso. "En vez de escuchar palabras vacías, quiero ver vuestra destreza con mis propios ojos", tronó el juez. "Ahora los dos pasaréis a colmenas vacías y empezaréis enseguida a tejer panales nuevos", dijo.
Las abejas obreras, al oír esta propuesta justa del juez, se pusieron manos a la obra enseguida con alegría. Las abejas perezosas, en cambio, no supieron qué hacer de miedo y se quedaron mirándose a la cara. Como les faltaba la destreza de hacer miel, no pudieron aceptar aquella prueba difícil. Al comprender que no podían ocultar la verdad, las abejas perezosas huyeron del tribunal cuando su engaño salió a la luz. El avispón sabio, al entender quiénes eran los verdaderos trabajadores, entregó los sabrosos panales a las abejas obreras. El trabajo y la destreza de verdad sacan siempre a la luz las mentiras escondidas tras palabras vacías. El espejo de una persona es su obra; no mires sus palabras.