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La serpiente que mostró el camino

Nivel C2 · 341 palabras

La serpiente que mostró el camino

Érase una vez, al borde de un viejo bosque donde las aguas frescas corrían con suavidad, vivía un joven cazador. Este cazador se había puesto en camino en un duro viaje para hallar la misteriosa joya perdida del país. Después de caminar durante días, decidió descansar a la sombra de una roca plateada cubierta de hiedra. En ese momento apareció deslizándose una serpiente enorme cuyas escamas de color verde esmeralda brillaban bajo el sol. La profunda sabiduría en la mirada de la serpiente calmó el miedo en el corazón del joven y dejó su lugar a una gran curiosidad. La serpiente, hablando con voz humana, preguntó por la intención del joven y le recordó que el camino estaba lleno de peligros.

"La joya que buscas está dentro de la jaula de oro que guarda el monstruo en la cima de la montaña humeante", dijo la serpiente sabia. El cazador expresó con pena su impotencia y que jamás podría vencer solo a la enorme criatura. La serpiente que muestra el camino sonrió y le dijo: "En lugar de la fuerza bruta siempre debes usar tu mente y tu paciencia". Luego tendió al joven cazador tres escamas mágicas que le permitirían atrapar el momento más débil del monstruo. "Cuando arrojes estas escamas al viento una tras otra, el monstruo caerá en un sueño profundo", susurró. El joven dio las gracias a la sabia criatura y empezó a subir con pasos decididos hacia la cumbre brumosa.

Superó con facilidad los duros obstáculos que le salieron al paso, recordando los consejos de la serpiente. Cuando llegó a la cumbre, arrojó una a una las escamas de esmeralda sobre el monstruo que rugía. Cuando las escamas mágicas brillaron, el monstruo se rindió a sus pesados párpados y cayó en un sueño profundo. El cazador tomó con calma la jaula de oro y logró salvar la joya inestimable de su país. El joven, que volvió a casa con la victoria, debía su éxito no a la fuerza de su brazo, sino a la mente que guía de la serpiente sabia. La persona que escucha la palabra del guía correcto encuentra la luz incluso en los caminos más oscuros. Quien pide consejo ha cruzado las montañas; quien no lo pide se ha perdido en el camino llano.