La rosa y la flor inmortal
Una rosa roja de dulce aroma y una flor de caléndula que nunca se marchita florecieron lado a lado en el jardín. Envidiando a la rosa, la flor inmortal dijo: "La gente admira tu color y tu aroma, ¡qué feliz eres!" Dejando caer sus pétalos con tristeza, la rosa dijo: "¡Oh vecina! Mi belleza dura solo unos días, luego me marchito; mientras que tú nunca te marchitas y conservas tu belleza para siempre." Ante estas palabras de la rosa, la flor inmortal comprendió lo valiosa que es la permanencia más que la suntuosidad momentánea.
Aunque los brillos temporales y momentáneos deslumbren los ojos, los valores humildes pero permanentes son siempre más valiosos. Dejar obras y valores permanentes que resistan al tiempo es muy superior a las famas momentáneas. La belleza y la fama se marchitan, solo quedan detrás las virtudes permanentes. Es fundamental no dejarse engañar por aplausos momentáneos y construir valores permanentes.
El valor permanente es valioso, no el brillo momentáneo. La fama temporal se marchita rápidamente. El valor permanente resiste al tiempo. No te dejes engañar por el aplauso momentáneo.
La virtud permanente es la mayor riqueza. La belleza se marchita, el carácter permanece. Lo que no sucumbe al tiempo es valioso.