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La respuesta del hombre torpe

Nivel B2 · 377 palabras

La respuesta del hombre torpe

Érase una vez, en un valle verde por donde corrían aguas frescas, un hombre manso que vivía a lo suyo. Por sus movimientos lentos y su carácter sereno, la gente del pueblo lo llamaba con cariño el Hombre Lento. No se metía en los asuntos de nadie, cuidaba las flores de colores de su jardín y pasaba sus días en paz. Pero en la plaza más animada del pueblo vivía un hombre insolente de lengua afilada, soberbio y burlón con todos. Este hombre insolente disfrutaba muchísimo menospreciando a la gente de alrededor y burlándose de sus debilidades. En un caluroso día de verano en que el sol brillaba con fuerza, el Hombre Lento cruzaba en silencio el mercado. Cuando el hombre soberbio vio sus pasos pesados, empezó a soltar carcajadas en medio de la multitud.

"¡Mirad nada más a este hombre torpe e inútil!", gritó con insolencia. "Ni puedes correr rápido ni levantar una carga pesada; ¿para qué sirves de verdad?", dijo con burla. La gente curiosa de alrededor se detuvo y empezó a mirar aquella provocación injusta. El hombre soberbio subió el tono de sus insultos e intentó humillarlo delante de todos. El Hombre Lento se quedó quieto sin la menor agitación y escuchó con calma las palabras feas. Sin que cambiara la expresión serena de su rostro, miró directamente a los ojos de aquel hombre soberbio. Todos en la plaza se sumieron en un hondo silencio y esperaron con curiosidad la respuesta que llegaría.

El Hombre Lento empezó a hablar con un tono de voz dulce y digno. "La lentitud de mi cuerpo o la poca fuerza que tengo es un estado que me dio la naturaleza y no daña a nadie", dijo. "Pero las palabras feas e hirientes que salen de tu boca son enteramente obra de tu propia mala elección", añadió. "No siento vergüenza por la lentitud de mi cuerpo, pero esa lengua venenosa tuya y tu mal corazón son tu verdadera vergüenza", dijo, y cerró el asunto. Ante esta respuesta sabia, la cara del hombre soberbio se puso muy roja y no halló ni una sola palabra que decir. La gente de alrededor aplaudió con admiración la respuesta justa y madura del Hombre Lento. Las faltas del cuerpo de una persona no son un defecto; el verdadero defecto es la lengua fea y el mal carácter que hieren a los demás. La mala palabra pertenece a quien la dice.