La Paloma y el Cuadro
Hace mucho tiempo, en un pueblo viejo de aguas frescas, vivía una paloma alegre. Todo el día la pequeña paloma volaba libre con sus alas brillantes. Un mediodía caluroso el sol quemaba y la paloma tuvo mucha sed. Miró alrededor con curiosidad para encontrar una gota de agua. Mientras el viento soplaba dulcemente, vio la pared de un edificio grande. En esa pared brillaba un cuadro maravilloso y lleno de colores.
En el cuadro había un vaso claro con agua muy fría. La pintura parecía tan real que la paloma sedienta no creyó a sus ojos. La paloma gritó con alegría: "¡Por fin encontré agua fría!" Con mucha emoción bajó enseguida hacia el cuadro. No miró bien y voló a toda velocidad hacia el vaso. Un cuervo viejo le gritó: "¡Para, eso solo es un dibujo!"
Pero la paloma impaciente tenía prisa y no escuchó a nadie. La paloma chocó contra la pared dura con un ruido muy fuerte. El pobre pájaro se rompió el ala y cayó al suelo sin fuerzas. Por desgracia, aquella agua bonita solo era pintura. En ese momento un hombre del camino atrapó al pájaro fácilmente. La paloma descuidada se arrepintió mucho de su gran error. Las prisas y el descuido llevan a los seres vivos a un gran peligro. Las prisas son malas consejeras.