La Liebre y la Tortuga
Hace mucho tiempo, en un bosque verde de aguas frescas, vivía una liebre orgullosa. Esta liebre veloz contaba a todos los animales lo rápido que corría. Cada día pasaba como el viento y se sentía muy orgullosa. En el mismo bosque vivía también una tortuga lenta pero paciente. La tortuga daba cada paso con cuidado y nunca tenía prisa. Un día la liebre vio sus pasos lentos y se burló de ella.
La tortuga se rió y le propuso una carrera divertida. La liebre se sorprendió mucho, pero aceptó enseguida. Todos los animales del bosque se reunieron emocionados junto al gran árbol. La carrera empezó y la liebre veloz desapareció en un instante. En el camino miró hacia atrás y vio a la tortuga muy lejos. Para descansar un poco, se durmió a la sombra de un árbol enorme.
La tortuga trabajadora siguió su camino despacio, sin parar nunca. Pasó en silencio junto a la liebre dormida y se acercó a la meta. Cuando la liebre despertó, la tortuga casi terminaba la carrera. Corrió con todas sus fuerzas, pero la tortuga paciente ganó la carrera. La constancia y la paciencia valen siempre más que la rapidez. Vísteme despacio, que tengo prisa.