La Hormiga
Hace mucho tiempo vivía en un pueblo pequeño un campesino muy codicioso. Este campesino tenía mucho trigo y mucha fruta en su propio campo. Pero nunca estaba contento con su propia cosecha. Cada noche iba en secreto a los campos de los vecinos y robaba sus cultivos. Los aldeanos veían los campos vacíos y se ponían muy tristes y sorprendidos. El campesino escondía el trigo robado en su almacén oscuro y se reía.
Una tarde un anciano sabio llegó a la casa del campesino. El anciano le preguntó: "¿No te basta tu propio trabajo?" El campesino dijo con orgullo: "Lo ajeno siempre me sabe más dulce." Con esa respuesta el anciano se enfadó mucho y golpeó el suelo con su bastón. En ese momento brilló una gran luz y el campesino empezó a hacerse pequeño. El anciano dijo: "Desde ahora vas a llevar el grano de los demás toda tu vida."
Antes de entender nada, el campesino se convirtió en una hormiga diminuta. Ahora tenía que andar por la tierra con su cuerpo tan pequeño. Su vieja costumbre no cambió, y seguía buscando granos de trigo en los campos. De día y de noche tenía que llevar cargas más grandes que él. Pagó el pan ajeno con una vida cansada. Al final la hormiga entendió que la codicia no le trajo ninguna felicidad. Quien pone el ojo en lo ajeno pierde también lo suyo. Al codicioso se le llena la barriga, pero nunca los ojos.