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La garza y el halcón

Nivel B2 · 355 palabras

La garza y el halcón

Érase una vez, en la orilla de un río cristalino que fluía ruidosamente, vivían una garza de patas largas y un halcón orgulloso. Mientras la garza era conocida por su paciencia, al halcón le encantaba presumir de sus rápidas alas todo el tiempo. En una mañana ventosa de otoño, estas dos aves paradas sobre rocas escarpadas se encontraron cara a cara. Mirando hacia abajo a la garza que esperaba tranquilamente a su presa en el río, el halcón observó con burla su lentitud. Pensando que era el dueño del cielo, el ave rapaz le propuso valientemente una apuesta a su paciente amigo. "Ven, hagamos una carrera volando hacia lo más alto y demostremos quién es más fuerte", dijo el halcón.

Sacudiendo la cabeza con humildad, la garza respondió: "Para mí, la perseverancia es lo importante, no el poder". Sin embargo, ante las insistencias del halcón, aceptó la carrera y ambos despegaron al mismo tiempo. Aleteando con todas sus fuerzas, el halcón subió rápidamente por encima de las nubes y lanzó un chillido burlón. La garza, en cambio, continuó subiendo lentamente con movimientos rítmicos, conservando cuidadosamente su energía. A medida que subían más alto, el aire se volvió frío y los fuertes vientos de tormenta comenzaron a forzar sus alas. El halcón orgulloso, habiendo gastado toda su fuerza en el primer momento, se quedó sin aliento después de un rato.

"Soy el más rápido de los cielos, pero ahora mi fuerza se ha agotado", murmuró indefenso. La garza, sin alterar su ritmo tranquilo, continuó planeando con firmeza contra el viento feroz. El halcón agotado, incapaz de sostener sus alas, tuvo que descender rápidamente hacia las rocas seguras. La garza voló con orgullo durante un tiempo más en el azul por encima de las nubes y declaró su victoria. Cuando aterrizó, se acercó al halcón avergonzado y le sonrió con amabilidad.

El halcón comprendió que confiar solo en la velocidad no era suficiente y que la paciencia era el verdadero poder. Desde aquel día, las dos aves vivieron a la orilla del río, respetando las habilidades del otro. El verdadero éxito no reside en una velocidad incontrolada, sino en pasos firmes mantenidos con paciencia. Con paciencia, las agraz se vuelven dulce halva y las hojas de moral se vuelven seda.