La disputa sobre la fecundidad
Hace mucho tiempo, tras los valles verdes, había un bosque tranquilo. Allí florecían flores de colores y los pájaros cantaban alegres. Bajo los árboles enormes soplaba siempre un viento dulce. Cada día los animales se reunían bajo el gran plátano. Un día soleado charlaban otra vez con alegría. De la multitud ruidosa salió una madre jabalí. Con voz orgullosa mostró a sus muchas crías.
«Cada primavera traigo al mundo muchos hijos», dijo. Luego miró a la leona, la más fuerte del bosque. «Tú, en cambio, tienes una sola cría», se rió. Para la jabalí, muchos hijos eran un gran éxito. La leona levantó la cabeza y sonrió con dulzura. «Sí, yo traigo al mundo una sola», dijo. «Pero mi cría es un león valiente», añadió.
La jabalí oyó estas palabras y se quedó callada. Los demás animales aplaudieron en silencio esa sabia respuesta. Entendieron que vale más la calidad que la cantidad. Al bosque volvieron la paz y un dulce silencio. La luz del sol seguía brillando como oro entre los árboles. No importa el número de una cosa, sino su valor. Poco y bueno vale más que mucho y malo.