La cigüeña traidora
Érase una vez, a la orilla de un bosque antiguo donde las aguas frescas corrían alegremente y los robles poderosos se alzaban hacia el cielo, había un nido de cigüeñas. En aquel nido elevado vivían juntos una cigüeña fiel de largas patas y su esposa elegante pero tramposa. Cuando la cigüeña macho batía las alas hacia tierras lejanas para buscar sustento, la cigüeña hembra se encontraba en secreto con un pájaro extraño. Y cuando se acercaba la hora del regreso de su esposo, iba al arroyo claro y se bañaba, borrando con el agua el olor de la maldad. Gracias a ese juego astuto que mantuvo durante años, logró engañar a su fiel esposo y parecer inocente. En un caluroso día de verano, la cigüeña hembra volvió de nuevo de su cita secreta y tomó el camino del arroyo para bañarse.
Pero aquel día la suerte le volvió la cara, y el lecho del arroyo murmurante se había llenado de barro y se había secado. Presa del apuro, la cigüeña hembra no sabía qué hacer, y aunque corrió hacia los otros manantiales, se dio cuenta de que el tiempo se había agotado. Cuando la cigüeña macho descendió planeando al nido, percibió enseguida el olor extraño sobre su esposa y su inquietud, y gritó con ira. "¡Has traicionado este nido sagrado y has hecho negocios oscuros a mis espaldas!", gritó. Aunque la cigüeña hembra trató de suplicar con voz temblorosa, las mentiras que decía ya no servían de nada. "Solo estaba descansando a la orilla del arroyo, ¡juro que no tengo ninguna culpa!", dijo, intentando engañar a su esposo.
La cigüeña macho, que comprendió la mentira al instante, abrió sus alas al viento y llamó en su ayuda a las cigüeñas de los cuatro rincones del cielo. En poco tiempo una bandada de cigüeñas cubrió el cielo y se reunió alrededor del alto tejado para formar un tribunal de justicia. El sabio líder de la bandada reconoció al instante el olor de la traición y la conducta tramposa que la cigüeña hembra intentaba ocultar. Todos los pájaros condenaron con una sola voz aquella traición, y las cigüeñas se lanzaron sobre la cigüeña hembra con duros golpes de pico. Impotente ante la luz aguda de la verdad, la cigüeña traidora tuvo que huir de allí con un gran arrepentimiento. Nunca más pudo volver a aquel nido y fue condenada a vivir sola en el frío oscuro de la soledad. Toda trampa escondida sale a la luz algún día, y apartarse de la honradez arrastra a la persona a la soledad. La mentira tiene las patas cortas.