La cerda de parto y el lobo
Érase una vez, al borde de un bosque viejo donde corrían aguas frescas, vivía una mamá cerda. Esta madre encantadora esperaba con impaciencia el día en que tomaría en sus brazos a sus pequeñas crías con la buena noticia de la primavera. A la sombra de un roble cubierto de musgo, se había preparado un nido suave y seguro. Pero el lobo astuto, que vagaba con sigilo por lo profundo del bosque, seguía esta situación desde lejos. El lobo hambriento hacía planes para engañar a la madre con palabras dulces y conseguir una presa fácil. Cuando comenzaron los dolores del parto de la mamá cerda, el lobo astuto se acercó enseguida hasta la puerta del nido. Poniendo una sonrisa falsa en su cara, empezó a hablar con su voz más amable y más tierna.
“Querida vecina, estoy aquí para ayudarte en este momento difícil”, dijo el lobo. “Si me lo permites, puedo ser tu comadrona durante el parto de tus crías y protegerlas.” Para que sus palabras parecieran creíbles, el lobo no olvidó mirar a la mamá cerda con ojos inocentes. Pero la lista mamá cerda había sentido el peligro detrás de esta propuesta del lobo, que parecía llena de bondad. Porque conocía la intención cruel de su enemigo, respiró hondo sin mostrar ningún miedo. “Gracias por tu amable propuesta, pero no necesito ayuda”, respondió con decisión. “El favor más grande que puedes hacerme ahora es alejarte de aquí enseguida.”
El lobo, que entendió que su plan estaba arruinado, insistió e intentó acercarse un paso más al nido. Pero la mamá cerda mostró sus dientes afilados con una postura firme y se levantó con orgullo. “Mientras tú estés a mi lado, mis crías que van a nacer no están seguras, pero si te vas, podemos encontrar la paz”, añadió. El lobo astuto, sorprendido por la actitud valiente y firme de la madre, no pudo insistir más. El lobo, que aceptó que no podía conseguir su presa, bajó la cabeza sin esperanza, metió su cola y se alejó de allí. Y la mamá cerda trajo al mundo a sus pequeñas crías con seguridad y las abrazó con amor. No dejarse engañar por la bondad falsa de las personas malas es el camino más seguro para proteger a los que amamos. No te fíes de la palabra dulce del enemigo ni del sol del invierno.