La carrera de la liebre y el lobo
Érase una vez, al borde de un viejo bosque por donde corrían aguas frescas, vivía un conejo alegre conocido por su astucia. Bu gür ormanın derinliklerinde iseHerkese korku salan, sivri dişli ve kibirli bir kurdun gölgesi gezinirdi. Entre los árboles que albergaban todos los tonos del verde, transcurría una vida apacible alimentada por el susurro del viento. Los adorables habitantes del bosque, porque temían la fuerza bruta del lobo, siempre preferían apartarse de su camino. Pero el valiente conejo creía de todo corazón que la mente era superior incluso a la mayor fuerza. Mientras los rayos dorados del sol calentaban el prado, los dos animales se encontraron cara a cara en un sendero estrecho. El lobo arrogante, observando el pequeño cuerpo del conejo con ojos despectivos, soltó una carcajada en voz alta.
"¿Cómo puede una criatura tan endeble como tú andar tan libremente en el mismo bosque que yo?", rugió. El conejo, sin perder en absoluto la calma, levantó las orejas y sonrió alegremente. "Presumes de tu fuerza, pero correr rápido no es solo asunto de las piernas, sino también de la mente", dijo. El lobo, enfurecido por estas palabras, propuso al conejo una carrera hasta la cumbre de la montaña para demostrar su fuerza. Según la condición de la carrera, ganaría quien eligiera el camino más correcto en lugar de seguir las curvas del sendero. En el momento en que sonó el silbato, el lobo se lanzó hacia adelante con todas sus fuerzas y levantó una nube de polvo. El conejo, en cambio, en lugar de correr a ciegas, observó los atajos entre los arbustos y las rocas escarpadas del sendero.
Mientras el lobo avanzaba velozmente por el camino recto, a causa de su excesiva confianza perdió la dirección y se metió entre los densos arbustos. El pequeño conejo, en cambio, gracias a su ágil mente y a su ligereza, se deslizó entre las rocas y avanzó hacia su meta con pasos seguros. Cuando el lobo, sin aliento, llegó a la cumbre, vio al conejo allí mordisqueando tranquilamente una zanahoria. El enorme lobo, que confiaba en su fuerza muscular, tuvo que aceptar con asombro la victoria del pequeño conejo que había usado la mente. Desde aquel día, ningún ser vivo del bosque juzgó a nadie mirando solo su apariencia exterior o su tamaño. La fuerza bruta siempre puede parecer rápida, pero la única llave que conduce a la meta es la mente y la estrategia. La fuerza del brazo vence a una persona, la fuerza de la mente vence a mil personas.