La cabra y el pastor
Hace mucho tiempo, en las faldas de altas montañas, vivía un pastor bondadoso que apacentaba su rebaño. Al ponerse el sol, el pastor reunió a sus ovejas y cabras y empezó a llevarlas al redil. Sin embargo, una cabra traviesa y obstinada se quedó en el pasto para comer hierba fresca. El pastor silbó y gritó en voz alta para llamar a la cabra. Aunque la cabra obstinada oyó la voz del pastor, no se movió en absoluto de su sitio.
Viendo que anochecía, el pastor se impacientó y recogió una pequeña piedra del suelo. El pastor lanzó la piedra hacia la cabra y la piedra le rompió uno de los cuernos a la cabra. Asustado y arrepentido, el pastor corrió hacia la cabra y empezó a suplicarle. «Por favor, no le cuentes este suceso a nuestro dueño, o me despedirá de mi trabajo», dijo el pastor. Sacudiendo la cabeza con dolor, la cabra del cuerno roto respondió al pastor.
«Aunque yo calle, este cuerno mío roto contará la verdad a todos», dijo la cabra. «Es imposible intentar ocultar errores que son demasiado evidentes para esconderlos», añadió. Cuando hay pruebas evidentes a la vista, mentir y ocultar el error no le aporta ningún beneficio a una persona. Cuando una persona comete un error, debe ser honesta y reconocer su falta. La verdad siempre sale a la luz.
No se puede tapar el sol con un dedo. La mentira tiene patas cortas. La verdad tiene la costumbre de salir a la luz tarde o temprano. La honestidad es la mejor política.