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La cabra y el lobo

Nivel C2 · 391 palabras

La cabra y el lobo

Érase una vez, más allá de las montañas neblinosas, en unos peñascos escarpados que se alzaban hacia el cielo, una cabra moteada. Esta cabra se deslizaba con pasos ágiles por las laderas empinadas y pacía alegremente el tomillo más fresco en el viento frío de las alturas. Pero en el valle profundo de abajo merodeaba un lobo astuto y taimado cuyos ojos brillaban de codicia. Desde hacía días el lobo urdía planes pérfidos para cazar a esta cabra lista y devorarla. Pero trepar por aquellos peñascos empinados y resbaladizos era para él un sueño imposible a causa de su cuerpo pesado. Mientras la luz purpúrea del sol iluminaba las laderas escarpadas, la cabra volvía a alimentarse en el borde más peligroso del precipicio. Para no perder la oportunidad, el lobo se acercó despacio al pie del peñasco y puso en su voz una ternura falsa.

"Oh mi grácil vecina, temo tanto que resbales y caigas ahí arriba que me duele el corazón", exclamó. Con aire orgulloso, la cabra volvió la cabeza hacia abajo y miró con calma los ojos taimados y hambrientos del lobo. El lobo astuto siguió con sus frases rebuscadas y trató de engañar a la cabra: "Por favor, baja a ese prado fresco y verde." "Por aquí hay hierbas deliciosas perfectas para ti y aguas que corren como el cristal." Desde el primer instante la cabra comprendió la intención mortal que se ocultaba tras esa adulación melosa. Con una leve sonrisa que asomó a su rostro, decidió dar la respuesta que derrotaría la preocupación fingida del lobo. "Tu cortesía y tu interés me han llenado los ojos de lágrimas, querido vecino", gritó desde lo alto de las rocas hacia abajo.

"Pero tu verdadera intención no es protegerme, sino llenar tu propio vientre hambriento conmigo." El lobo, cuya máscara había caído y cuyo juego se había estropeado, aulló de rabia, pero sabía muy bien que no podría alcanzar estas rocas altas. La cabra lista, en cambio, se quedó en las cumbres seguras y observó con una sonrisa los forcejeos desesperados de su astuto rival. El lobo, cuyo plan tramposo acabó en fracaso, se retiró hambriento y miserable hacia las profundidades oscuras del bosque. La cabra, en cambio, sobre sus rocas altas donde pisaba firme, sintió el orgullo de vivir libre y en seguridad. Quienes no se dejan engañar por las dulces palabras del enemigo y no abandonan la prudencia están siempre protegidos de los peligros. De un lobo nunca sale un pastor.