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La batalla de los toros y las ranas

Nivel B2 · 308 palabras

La batalla de los toros y las ranas

Érase una vez, al borde de un viejo bosque por donde corrían aguas frescas, un estanque profundo. En este estanque tranquilo vivían en paz unas ranas alegres de piel verde. Justo al lado del estanque se extendía un prado ancho y fértil, sombreado por árboles altos. Un buen día dos toros enormes se encontraron cara a cara en ese prado. Los toros espléndidos empezaron a mirarse con furia para hacerse líderes del rebaño. Cuando empezó la gran pelea, los bramidos terribles de los toros llenaron todo el valle. Las criaturas gigantes que se embestían entre polvo y humo hacían temblar la tierra.

Una rana vieja y experta a la orilla del estanque miraba esa pelea con ojos inquietos. Una rana joven que la vio temblar se acercó con curiosidad. La rana joven preguntó: "¿Por qué tienes tanto miedo, sabia amiga mía?" "Esos animales fuertes pelean en tierra; ¿qué tienen que ver con nuestro estanque hondo y seguro?" La rana vieja suspiró hondamente y se volvió hacia su joven vecina. "El peligro está mucho más cerca de lo que crees, amiguita mía", dijo con tristeza. "Cuando uno de los toros sea vencido, buscará un sitio para huir y se refugiará en nuestro juncal."

Al ponerse el sol, la guerra despiadada de los toros llegó por fin a su fin. El toro que había quedado débil empezó a huir desesperadamente, herido. El animal gigante vencido corrió derecho hacia el estanque, justo como había dicho la rana vieja. El toro entró en el juncal con pasos pesados y empezó a pisotear con rabia las aguas cenagosas. Bajo aquellas pezuñas enormes, por desgracia, muchas ranas desdichadas quedaron aplastadas. La lucha de poder de los toros espléndidos se convirtió en una gran desgracia para los inocentes habitantes del estanque. Las peleas codiciosas de los grandes entre sí dañan, por desgracia, sobre todo a los débiles. Cuando los elefantes pelean, la hierba es la que sufre.