La anciana y el médico
Una anciana cuya vista estaba fallando contrató a un médico para curar su enfermedad. Prometió pagar al médico una gran suma si se curaba, pero nada si no lo hacía. El malintencionado médico robaba un objeto valioso de la casa cada vez que la visitaba para examinar sus ojos. Cuando terminó el tratamiento, no quedaba ningún objeto valioso sin robar en la casa de la mujer.
Cuando el médico le abrió los ojos por completo y exigió el pago prometido, la mujer se negó a pagar. Yendo a juicio, el médico se quejó de la mujer; el juez le preguntó por qué no pagaba. La mujer dijo: "Aunque antes mis ojos eran débiles, veía mis cosas; ahora no veo ningún objeto en absoluto." El médico había curado sus ojos, pero con ello proporcionó la prueba de su propio robo.
Quien hace el mal cae en su propia trampa. El tramposo cae en el pozo que él mismo cavó. La deshonestidad sale a la luz tarde o temprano. La codicia por ganancias injustas deja frustrado.
El castigo del robo no se hace esperar. Quien cavó su propia fosa que no se queje. La mentira tiene patas cortas.