La amistad del lobo dura hasta que se come al cordero
Hace mucho tiempo, en un valle verde de manantiales cristalinos, vivía un toro poderoso. Con su pelaje negro y brillante y sus cuernos afilados, era el orgullo del prado. Pero en lo hondo del valle, dentro de una cueva oscura, acechaba un león astuto y hambriento. El león de garras afiladas sabía muy bien que solo no podría vencer a aquel toro. Por eso urdió un plan taimado y decidió atraer al toro a una trampa. Una mañana se acercó al toro con una sonrisa falsa en el rostro.
"Querido amigo, hoy he cazado un cordero tierno y te invito a mi banquete," dijo. El toro se sorprendió ante aquella invitación tan amistosa, pero luego aceptó con cortesía. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el toro se presentó curioso ante la cueva. Al entrar, notó que por ninguna parte se veía carne de cordero. En cambio, habían preparado calderos enormes, cuchillos afilados y grandes montones de leña. El toro se detuvo, porque aquellas ollas gigantescas eran demasiado grandes para un corderito.
Al ver que los calderos correspondían a su propio cuerpo, comprendió quién era la verdadera presa. Sin hacer ningún ruido, el toro sensato dio media vuelta y salió despacio de la cueva. El león le gritó desde atrás: "¿Por qué te vas, si el banquete aún no ha empezado?" El toro se volvió y dijo con firmeza: "Estos preparativos no son para un cordero, sino para un toro." Corriendo como el viento, se internó en el bosque y escapó de la astuta trampa. Quien no se deja engañar por las dulces palabras y la falsa amistad de un enemigo presiente el peligro y salva la vida. La amistad del lobo dura solo hasta que se come al cordero.