La Alondra
Había una vez una pequeña alondra sobre los campos dorados de trigo. Cada mañana el pájaro alegre volaba y cantaba canciones dulces. Junto al campo había un bosque verde y un arroyo claro. Cada día la alondra buscaba semillas sabrosas y planeaba libremente. Cuando el viento soplaba suave, subía muy alto en el cielo. Un día llegó un cazador viejo y extendió una red grande.
Esparció granos sabrosos de trigo sobre la red. Desde arriba la alondra miró a aquel hombre con curiosidad. Bajó despacio y le preguntó por aquella red. El cazador astuto sonrió y habló de una ciudad nueva. "En esta ciudad hermosa la comida es gratis", dijo. La alondra inocente creyó esas palabras dulces y se alegró mucho.
Voló con ganas hasta el centro de la red. La red se cerró de repente cuando el pájaro bajó. La pequeña alondra vio la trampa y sintió mucho miedo. Aleteó, miró al cazador y se enfadó por la mentira. Con tristeza entendió: en esa ciudad nadie era feliz. Por desgracia vio muy tarde el peligro de las palabras dulces. No hay que creer enseguida cada palabra dulce. No todo el que sonríe es un amigo.