La alondra moñuda y su padre
Érase una vez, al borde de un viejo bosque por donde fluían aguas frescas, cuando la tierra aún no estaba formada, vivía una pequeña alondra. La alondra común planeaba en los vientos libres del cielo infinito con su sabio padre, cantando dulces canciones. En aquellos tiempos, no había tierra en la tierra excepto rocas duras, y por todas partes resonaba el sonido del viento. Las dos aves vivían una vida pacífica, profundamente unidas entre sí por el amor. Sin embargo, un día el viejo padre enfermó y comenzó a perder sus fuerzas.
Al ver a su padre debilitarse, la pequeña alondra esperó junto a su cama con profunda tristeza. Antes de dar su último aliento, el viejo pájaro miró a su hija con ojos amorosos. "Querida hija mía, ha llegado el momento, pero no hay tierra blanda en el mundo para que me entierres", susurró. Entre lágrimas, la pequeña ave respondió: "Nunca te dejaré solo, padre". Cuando su padre cerró los ojos a la vida, la diminuta alondra pensó en qué hacer con desamparo.
No podía soportar dejar a su padre sobre rocas duras, temiendo que el viento se lo llevara lejos. Aleteando en el cielo durante días, buscó una forma de proteger la sagrada memoria de su padre. Al final, con un gran amor filial en su corazón, tomó una decisión de lealtad infinita. La valiente alondra colocó a su padre sobre su propia cabeza para mantener viva su memoria para siempre. A partir de ese momento, el amor de su padre se convirtió en un magnífico penacho de plumas en su cabeza.
Este elegante penacho en la cabeza de la pequeña ave se convirtió en el símbolo más hermoso de devoción filial. Aunque la tierra se cubrió de tierra con el tiempo, la alondra común nunca perdió este orgulloso emblema. Otras aves que planeaban en el cielo observaron su sacrificio y respeto con admiración. El amor profundo demostrado a los padres es la corona más hermosa dada a un ser humano. Quien recibe la bendición de sus padres nunca tropezará.