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Esopo y el perro

Nivel B1 · 282 palabras

Esopo y el perro

Érase una vez, al borde de un bosque verde donde fluían aguas frescas, vivía el sabio Esopo. A Esopo le encantaba sentarse en el jardín de su cabaña y escuchar los apacibles sonidos de la naturaleza. En un día de otoño en que soplaba un viento frío, un perro preñado y cansado llegó al jardín. Había una súplica indefensa en los ojos del perro y una gran fatiga en sus pasos temblorosos. Pidió al sabio un pequeño refugio y ayuda para dar a luz a sus cachorros con seguridad.

El misericordioso Esopo se compadeció del pobre animal y le asignó la cálida cabaña de su jardín. Pasaron unas semanas y la perra dio a luz a seis cachorros fuertes y hermosos. Con el tiempo los cachorros crecieron, convirtiéndose en perros jóvenes de dientes afilados y cuerpos grandes. Como dueño original de la cabaña, Esopo pensó que los perros ya podían valerse por sí mismos. Salindo al jardín, le dijo a la madre: "Tus cachorros ya han crecido, necesito recuperar mi cabaña." Pero la perra dejó a un lado su antigua actitud dócil y mostró fiera sus dientes.

"¡Si quieres echarnos de aquí, primero debes luchar contra mis hijos fuertes!", se jactó. Esopo sintió un profundo asombro ante la ingratitud del animal al que una vez había ayudado. Cuando los ladridos amenazantes de los cachorros crecidos llenaron el lugar, el sabio tuvo que retroceder. Comprendiendo que oponerse a la fuerza bruta era inútil, Esopo se alejó en silencio de su jardín. Al ver que su bondad era correspondida con maldad, grabó este suceso en su mente como una lección para los demás.

La bondad hecha sin pensar puede convertirse un día en un arma que perjudique a su dueño. Cría cuervos y te sacarán los ojos.