Esopo y el esclavo fugitivo
Érase una vez, el sabio Esopo caminaba solo por la orilla de un bosque viejo donde las aguas frescas corrían con suavidad. Las luces doradas del atardecer se filtraban con suavidad hasta la tierra entre las hojas de los viejos plátanos. De pronto se alzaron unos crujidos entre los arbustos espesos del borde del camino y aparecieron unos ojos llenos de miedo. Un esclavo agotado, que huía de la dura crueldad de su amo, rodó sin aliento hasta los pies de Esopo. El sabio se detuvo y miró con ojos piadosos a aquel hombre desamparado, cubierto de polvo y tierra. El hombre fugitivo, tratando de dominar su voz temblorosa, dijo que huía a las montañas para alcanzar la libertad. Cuando Esopo vio los pies sangrantes del hombre y el miedo profundo de su corazón, suspiró.
“Mírame, amigo mío”, dijo el sabio con un tono de voz suave. “Al huir de un amo malo, ¿no temes caer en un pozo aún más oscuro?” El hombre fugitivo levantó la cabeza con asombro y preguntó con curiosidad qué quería decir Esopo. Sonriendo, Esopo empezó a contarle la historia de un burro viejo que se cansó de llevar su carga y huyó de su dueño. “Después de huir, aquel burro fue presa de los lobos feroces del bosque y añoró sus días antiguos.” “Cada paso dado sin pensar lleva a veces a la persona no a la libertad, sino a una desgracia mayor.” Mientras el esclavo fugitivo escuchaba estas palabras profundas, sintió que las nubes oscuras de su mente se deshacían despacio.
El sabio Esopo explicó al esclavo, poco a poco, que debía obrar con razón y no con ira. Subrayó que huir de las dificultades no traería ninguna solución y que era mejor esperar el momento justo con paciencia y lógica. El esclavo comprendió por fin que, obrando solo con sus sentimientos, se lanzaría a un peligro mayor. Tomando aire hondo, dio las gracias a Esopo y eligió un camino nuevo por el que andaría con pasos más firmes. Esopo, por su parte, siguió su camino mientras el sol se ponía, y la sonrisa llena de esperanza que dejó atrás alivió su corazón. Los que deciden deprisa con ira y con miedo pueden verse arrastrados a penas mayores mientras buscan la paz. Quien todo lo quiere, todo lo pierde.