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Esopo y el campesino

Nivel B2 · 353 palabras

Esopo y el campesino

Érase una vez, al borde de un viejo bosque por donde corrían mansamente aguas frescas, vivía un hombre llamado Esopo, conocido por su sabiduría. Un buen día Esopo se puso en camino hacia un pueblo tranquilo donde se extendían campos de trigo amarillo. Al lado del camino estaba un labrador afanoso que araba su campo pero se quejaba sin parar de su perro gruñón. Este labrador probaba métodos extraños para educar a su perro, que atacaba a cada forastero que pasaba por el camino. Creía que dando pan a las personas a las que el perro mordía, el animal se calmaría y su furia se apagaría. Justo cuando Esopo se acercó al labrador, el perro gruñón se lanzó de pronto hacia delante y mordió la pierna del sabio. Aunque Esopo retrocedió dolorido, guardó su calma y empezó a observar qué haría el labrador.

El labrador sacó enseguida de su zurrón una rebanada de pan fresco y la acercó al hocico del perro. Mientras el animal cogía el pan con avidez y lo comía, el labrador miró al sabio con una sonrisa orgullosa en la cara. "¿Has visto, sabio amigo mío? Le he ofrecido un dulce obsequio para que no vuelva a atacarte", dijo. Esopo suspiró hondo ante esa conducta sin sentido y movió la cabeza con una sonrisa. "Dime, amigo mío, ¿por qué premias a este perro en vez de castigarlo?", preguntó. El labrador defendió lo que había hecho como un método muy ingenioso y siguió alabándose. "Así el perro se arrepentirá de lo que hizo y olvidará su mordisco con dulzura", respondió.

Mientras se limpiaba la herida de la pierna, Esopo dio al labrador aquella histórica respuesta que jamás olvidaría. "¡Ay, amigo mío, cuida de que los perros del otro pueblo no vean lo que has hecho!", dijo mirándole a los ojos. "Si ven que la agresividad se premia, nos morderán a todos por turno para comer pan sabroso", añadió. Al oír estas palabras el labrador comprendió el gran error que había cometido y bajó la cabeza avergonzado. Aquel día entendió que premiar la maldad solo abre la puerta a nuevas maldades. Recompensar los comportamientos equivocados solo hace que la falta crezca más y más. A quien se da confianza se vuelve descarado; a quien se da la palabra se vuelve ladrón.