Eros entre los humanos
Érase una vez, al borde de un bosque mágico lleno de cantos de pájaros, había un pequeño pueblo. A un joven curioso llamado Kerem que vivía en este pueblo le encantaba explorar los misterios de la naturaleza. Una mañana de primavera, mientras el aroma de las flores de colores llenaba el aire fresco, Kerem se adentró entre los árboles densos. Caminando mar adentro en el bosque, notó una luz suave y amarillo dorada que venía detrás de los arbustos. Al acercarse con curiosidad, vio a un lindo niño con diminutas alas en la espalda atrapado entre la maleza. Este pequeño niño alado no era otro que el dulce Eros, el símbolo del amor humano.
Kerem se echó hacia atrás sorprendido y vio el diminuto arco de oro y la aljaba de flechas en la mano del niño. "¿Quién eres y qué buscas en este bosque peligroso?", preguntó Kerem con curiosidad. El pequeño Eros sonrió, aleteó sus alas y pisó suavemente el suelo. "Vago entre vosotros para plantar semillas de amor y amistad en los corazones humanos", dijo. Kerem no le creyó al principio y pensó en capturarlo y ponerlo en una jaula. Pero Eros miró a los ojos de Kerem y le dedicó una sonrisa cálida y amorosa.
"Si me liberas, tu corazón se llenará de los sentimientos más hermosos del mundo", susurró. Al escuchar la voz sincera del diminuto niño, Kerem renunció de repente a todos sus malos pensamientos. El joven se estiró con afecto, apartó los arbustos y rescató al pequeño Eros de donde estaba atrapado. Una vez libre, Eros despegó hacia el cielo y lanzó una flecha invisible desde su arco de oro hacia los cielos. En ese momento, un brillo cálido se extendió por el bosque y el corazón de Kerem se llenó de paz.
A partir de entonces, Kerem comenzó a acercarse no solo a los animales, sino a todas las personas de su pueblo con alegría y comprensión. Después de aquel día, nunca olvidó que el amor es la mayor riqueza que se multiplica a medida que se comparte. El amor se convierte automáticamente en huésped de cada corazón limpio abierto con bondad. Las palabras dulces sacan a la serpiente de su madriguera.