El Topo
Hace mucho tiempo, un pequeño topo vivía bajo un bosque húmedo y florido. Este topo diminuto era ciego de nacimiento, pero era muy orgulloso. Pasaba días tranquilos con su madre dentro de los túneles oscuros. Pero siempre decía que sus ojos veían muy bien. Su madre escuchaba esas dulces mentiras con paciencia y sonreía. Una mañana soleada el pequeño topo volvió a presumir.
Se giró hacia su madre y dijo: «Veo la tierra y hasta los pájaros del cielo». Incluso dijo que lo sabía todo sin olfato y sin oído. La sabia madre topo quiso dar una buena lección a su hijo. Sacó de la tierra un pequeño trozo de resina de pino perfumada. Puso la resina delante de su nariz y preguntó: «Dime, ¿qué es esto?». El pequeño topo olió la resina, pero no entendió nada.
Con mucha confianza respondió: «Esto es sin duda una piedra dura». Su madre suspiró hondo y abrazó a su hijo con cariño. «Ay, hijo mío, no solo has perdido los ojos», dijo ella. «También has perdido el olfato», añadió. El pequeño topo sintió mucha vergüenza y bajó la cabeza. Por fin entendió que es muy malo fingir ser otra persona. Nadie debe presumir de lo que no sabe hacer, y todos deben ser honestos. La mentira tiene las patas cortas.