Todos los cuentos

El tesoro del dragón

Nivel C1 · 377 palabras

El tesoro del dragón

Érase una vez, en un valle verde esmeralda perdido en el regazo de espesos bosques, un joven leñador llamado Akif, conocido por su honradez. En la cima más alta de las rocas escarpadas que rodeaban este valle habitaba un dragón sabio, conocido por su inmensa riqueza. En lugar de guardar su oro, el dragón se lo prestaba a la gente honrada, y a quienes no cumplían su palabra los expulsaba para siempre de su cueva. Un invierno, cuando una gran hambruna golpeó la aldea, Akif, desesperado, decidió llamar a la puerta del dragón. El joven, que subió por los senderos empinados y llegó a la sombría puerta de la cueva, respiró hondo y entró. El dragón hizo temblar la cueva con su voz rugiente y preguntó: "¿Qué has venido a pedirme, hijo del hombre?"

Akif se inclinó con respeto y dijo: "Mi aldea pasa hambre; pido un préstamo de tu tesoro para salvar a mi pueblo." La criatura gigantesca entornó los ojos y tronó: "¿Y qué me dejarás como prenda?" El joven leñador sacó del bolsillo la piedra de pedernal de plata que le había quedado de su padre y la tendió a la enorme garra. "Esta piedra es lo único valioso que poseo, pero mi verdadera prenda es la palabra de honor que te doy", dijo, y permaneció erguido. Cuando el dragón vio la determinación inquebrantable en los ojos del joven, le tendió una bolsa llena de oro reluciente. "Si no devuelves este oro el primer día de la primavera, perderás tu prenda para siempre", le advirtió.

Akif tomó el oro con gratitud, cubrió las necesidades de los aldeanos y empezó a trabajar día y noche sin descanso. El día en que las nieves se derritieron y en los prados se abrieron las primeras flores, Akif empaquetó todo el oro que había ganado y volvió a la cueva. Cuando el dragón vio que la deuda estaba pagada por completo, puso la piedra de plata en la mano del joven y sonrió con satisfacción. "No solo has pagado tu deuda, también has demostrado la lealtad y la fiabilidad del ser humano", dijo la sabia criatura. El dragón abrió al joven las puertas del verdadero tesoro de la cueva y lo convirtió en el hombre más respetado del valle. Cada paso dado con rectitud y honradez es una llave de oro que abre a la persona incluso las puertas que se creían más insuperables. La palabra verdadera no necesita juramento.