Todos los cuentos

El sátiro y el fuego

Nivel B2 · 318 palabras

El sátiro y el fuego

Érase una vez, en el corazón de un bosque profundo donde susurraban manantiales frondosos, vivía un sátiro alegre. Esta linda criatura con patas de cabra pasaba todo el día tocando la flauta y escuchando las bellezas únicas de la naturaleza. El sabio guardián del bosque había traído un brillante regalo del cielo para que los humanos se calentaran. Este regalo era un trozo mágico de fuego con llamas naranjas que iluminaba la oscuridad y emitía un calor misterioso. Cuando el sátiro notó esta luz roja que nunca antes había visto, cedió a su curiosidad y se acercó a ella.

Las chispas naranjas que bailaban alrededor del fuego habían cautivado los ojos del sátiro de puro corazón. Creyendo que era un pájaro de plumas doradas, aplaudió con alegría y sonrió ampliamente. "¡Qué amigo tan brillante y fascinante es este!", gritó con emoción. Aunque el sabio guardián le dijo que tuviera cuidado, el sátiro curioso no pudo contener su emoción. "Quiero abrazarlo y besar esta hermosa luz", dijo, inclinándose hacia el fuego. Extendiendo su magnífica barba hacia el fuego, intentó tocar las cálidas llamas con amor.

Pero justo en ese momento, las chispas encendieron de repente su barba, y el sátiro alegre gritó. "¡Me quemo, me duele mucho!", gritó, saltando hacia atrás. El sabio guardián intervino de inmediato y apagó el pequeño fuego de su barba con una hoja húmeda. Temblando de miedo, el sátiro alegre se sentó en el suelo con tristeza, acariciando su barba dolorida. Acercándose a la desconcertada criatura con compasión, el sabio guardián le tocó suavemente el hombro.

"El fuego es un amigo muy hermoso y útil, pero no debes tocarlo", dijo con voz conciliadora. "Si miras desde lejos te calienta e ilumina tu camino, pero si te acercas demasiado te quema". Escuchando esta valiosa lección del sabio guardián, el sátiro observó la belleza del fuego desde una distancia segura. Comprendiendo que toda belleza tiene un límite, el sátiro aprendió a mantenerse alejado de la curiosidad peligrosa. Gato escaldado, del agua fría huye.