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El ruiseñor y el halcón

Nivel B2 · 341 palabras

El ruiseñor y el halcón

Hace mucho tiempo, en lo profundo de un bosque antiguo por donde corrían aguas frescas, vivía un ruiseñor de voz dulce. Cada mañana este ruiseñor se posaba en una rama alta de roble y cantaba sus canciones más hermosas a los habitantes del bosque. Sin embargo, en lo alto del cielo planeaba un halcón imponente que buscaba su presa con ojos afilados. Cuando los pájaros pequeños del bosque veían la sombra de aquel cazador poderoso, se escondían con miedo entre las hojas. El encantador ruiseñor, absorto en su canción, no se había dado cuenta del peligro que se acercaba. De pronto el halcón bajó desde arriba y atrapó con fuerza al ruiseñor indefenso entre sus garras poderosas.

Agitándose de dolor, el pequeño pájaro empezó a suplicar al halcón que lo dejara libre. "Por favor, no me comas, mi cuerpo diminuto no basta para llenar tu estómago", dijo el ruiseñor. "Si me sueltas, puedo mostrarte dónde están las aves más sabrosas y más grandes del bosque." El halcón lanzó una mirada fría y astuta al pájaro que temblaba en su garra. "Una presa pequeña que tengo ahora vale más que un gran cuento de mañana", respondió. El ruiseñor usó su inteligencia y siguió hablando en un último esfuerzo para convencer al cazador.

"Pero yo te cantaré canciones alegres cada día y calmaré tu alma", dijo, probando su suerte una última vez. El halcón orgulloso, en cambio, no renunció a su decisión y apretó a su presa con más fuerza todavía. Sin prestar oído a las dulces palabras del pequeño ruiseñor, el halcón decidió tragárselo de un solo bocado. No tenía ninguna intención de perder la fortuna segura que sostenía por correr detrás de promesas débiles. Cuando el ruiseñor indefenso comprendió que no podía cambiar la decisión del cazador, se sumió en un profundo silencio. Con la calma de haber asegurado su cena, el halcón levantó el vuelo hacia su nido en los altos peñascos. Abandonar las posibilidades concretas que se tienen en la mano por ganancias futuras inciertas solo trae decepción. Más vale un gorrión en la mano que una paloma en el arbusto.