El reyezuelo en la espalda del águila
Érase una vez, al borde de un viejo bosque donde fluían aguas frescas, todas las aves se reunieron. El valiente y poderoso águila del bosque planeaba en la cima de altas rocas, mirando con orgullo a las demás aves. El diminuto reyezuelo estaba sentado en silencio entre las flores de colores, esperando con impaciencia a que comenzara la gran competición. Ese día se organizó una gran y emocionante carrera de vuelo para elegir al nuevo rey del cielo. El ave que pudiera volar hasta el punto más alto sin cansarse ganaría el derecho de convertirse en el nuevo gobernante del bosque.
Cuando el búho sabio abrió sus alas y anunció el inicio de la carrera, todas las aves se elevaron al cielo a la vez. Batiendo con fuerza sus enormes alas, el águila logró dejar atrás a todos sus rivales en poco tiempo. Pero el astuto y diminuto reyezuelo logró posarse en secreto sobre la ancha espalda del águila sin que nadie se diera cuenta. El águila voló hacia arriba durante horas y finalmente subió incluso por encima de las nubes. El gigante águila, ya muy cansado, gritó en voz alta: "¿Hay alguien que pueda volar más alto que yo?"
Al ver que las demás aves se quedaban abajo, el águila se preparaba para declararse rey indiscutible del bosque. Pero justo en ese momento, el reyezuelo que salía de entre las plumas ocultas comenzó a trinar con alegría. El diminuto reyezuelo despegó de la espalda del cansado águila y voló un poco más alto por encima de él. Incapaz de moverse por el agotamiento, el águila tuvo que observar con asombro cómo el pequeño pájaro planeaba sobre su propia cabeza. Gracias a un ingenioso plan, el pequeño reyezuelo ganó la competición y ocupó su lugar en el punto más alto del cielo.
Las aves que bajaron declararon al astuto y listo reyezuelo nuevo rey del bosque con alegres canciones. A veces no solo la fuerza física, sino también la mente y la inteligencia pueden traer grandes victorias. Más vale maña que fuerza.