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El rey de los monos

Nivel B2 · 359 palabras

El rey de los monos

Érase una vez, al borde de un viejo bosque donde fluían aguas frescas, dos viajeros muy distintos hacían su camino. Uno de los viajeros era un hombre honesto que siempre decía la verdad; el otro, un adulador que contaba dulces mentiras sin cesar. Tras un viaje largo y agotador, se encontraron en un misterioso país de monos donde se alzaban árboles magníficos. El soberano de aquel reino era un mono enorme sentado en un trono de oro, rodeado de monos grandes y pequeños. El rey observó con curiosidad a estos huéspedes humanos que habían llegado a su palacio y ordenó a sus soldados que los llevaran ante él. El rey de los monos hinchó el pecho de orgullo y se acercó primero al viajero mentiroso. "Dime, forastero, ¿qué piensas de mí y de esta honorable corte que me rodea?", preguntó.

El astuto viajero se inclinó sin vacilar y comenzó a hablar con gran respeto. "Sois uno de los reyes más excelsos del mundo, y todos los que os rodean son visires a cual más noble", dijo. Embelesado por aquellas dulces palabras, el rey ordenó de inmediato que se dieran al hombre valiosos regalos de oro. Cuando llegó el turno del viajero honesto, el hombre hizo sus propias cuentas. "Si el mentiroso ha recibido un premio tan grande solo por decir dulces palabras, yo recibiré aún más al declarar la verdad", pensó. Cuando el rey le dirigió la misma pregunta, el hombre honesto se adelantó con aire seguro. "Sois solo un mono grande, y los que os rodean son monos corrientes", dijo, declarando abiertamente la verdad.

Al oír esta amarga verdad, el rey mono enloqueció de ira en un instante y su orgullo quedó herido. El soberano, acostumbrado a oír solo elogios, ordenó a sus guardias que arrojaran de inmediato al hombre honesto al calabozo. El viajero honesto, creyendo que decir siempre la verdad era lo correcto, tuvo que vivir una amarga experiencia. Pagó caro el precio de expresar la verdad en un lugar donde reinaban la mentira y la adulación. Mientras los dos viajeros eran arrastrados hacia destinos distintos, el silencio volvió a lo profundo del bosque. Hay que comprender que decir toda verdad en todo lugar no siempre da un buen resultado. La gente echa al hombre honesto de todos los pueblos.