El ratón y los herreros
Un ratón hambriento entró en una herrería donde resonaban altos sonidos de martillo mientras buscaba comida. Al ver piezas de hierro caliente que soltaban chispas alrededor del yunque, el ratón pensó que eran comida y empezó a roerlas. Mordiendo con afán el hierro duro y frío, los afilados dientes del ratón se rompieron uno a uno y su boca quedó llena de sangre. Los herreros se rieron del estado del ratón y dijeron: "Si intentas morder cosas demasiado duras para dañarlas, perderás tus propios dientes."
Quienes intentan obstinadamente luchar contra obstáculos duros e inquebrantables que superan su propio poder solo se dañan a sí mismos. Chocar contra rocas duras y estructuras inquebrantables sin conocer el propio lugar lleva a la persona a la destrucción. Actuar con flexibilidad y retirarse ante fuerzas a las que no se puede dañar es la exigencia de la lógica. La terquedad inútil y la ignorancia lisian a una persona por sus propias manos.
Quien fuerza objetos duros rompe sus propios dientes. No fuerces lo que no puedes dañar. Quien no conoce su lugar se daña a sí mismo. Chocar contra la roca dura rompe los dientes.
La ignorancia y la terquedad traen destrucción. No luches contra un obstáculo que supere tu fuerza. La flexibilidad y la razón protegen a la persona.