El perro y su sombra
Un perro que llevaba un enorme trozo de carne en la boca cruzaba un puente de madera sobre un río. Al mirar el agua tranquila, el perro vio su propio reflejo y pensó que era otro perro con carne en la boca. Lleno de codicia, el perro quiso arrebatar también esa carne y comer dos trozos de carne. Abriendo la boca con furia, empezó a ladrar fuertemente al reflejo en el agua.
En cuanto abrió la boca, el delicioso trozo de carne entre sus dientes cayó al agua y desapareció con la corriente. Al comprender que la carne en el agua era solo su propia sombra, el perro codicioso se fue hambriento y arrepentido. Quienes no se conforman con lo que tienen y exigen más pierden incluso lo que poseen y se quedan con las manos vacías. La codicia hace olvidar la bendición actual y priva de lo que se tiene.
Quien no se conforma con lo que tiene pierde también lo que posee. La codicia deja el deseo frustrado. El codicioso pierde lo que sostiene. Quien mucho abarca poco aprieta.
Engañado por la sombra se pierde la carne. La insaciabilidad trae el desastre. La satisfacción es la mayor riqueza.