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El perro y los herreros

Nivel B1 · 292 palabras

El perro y los herreros

En un encantador pueblo al pie de montañas neblinosas, había una antigua herrería donde se elevaban fuegos ardientes. En esta tienda vivían maestros herreros que forjaban hierro día y noche, junto a su lindo perro Karabas. Mientras los maestros herreros golpeaban pesados martillos con sus manos callosas, un gran ruido llenaba el lugar. El lindo Karabas, sin embargo, dormía plácidamente en su rincón sin preocuparse por el sonido de esos martillos. Que el perro cayera en un profundo sueño incluso durante los momentos de trabajo más pesados asombraba a todos.

Cuando el sol llegaba a lo más alto del cielo, los herreros se cansaban y dejaban sus martillos a un lado. El maestro herrero sacaba lentamente pan fresco y deliciosas carnes de la mesa de trabajo. Karabas, que yacía inmóvil hasta ese momento, abría los ojos tan pronto como oía el sonido de los platos. De repente daba un salto desde su lugar, movía la cola con alegría y empezaba a girar felizmente alrededor de la mesa. Uno de los herreros miraba al perro con asombro y sonreía moviendo la cabeza.

"Duermes profundamente mientras los pesados martillazos resuenan a tu alrededor, Karabas", decía el maestro herrero. "Pero cuando oyes que la mesa está servida, de repente te conviertes en el perro más despierto del mundo." Karabas solo cobraba vida cuando olía la comida, y cuando llegaba la hora de trabajar, se retiraba de nuevo a su rincón. Al ver estas astutas formas del perro, los herreros se reían y se maravillaban de su pereza. Este perro, que no se despertaba del sueño mientras se trabajaba, nunca perdonaba una oportunidad cuando se compartía comida. Al final, los maestros entendieron perfectamente que el perro solo se esforzaba cuando le convenía.

Quienes desean disfrutar del confort sin esforzarse nunca pueden ganarse un respeto verdadero. Quien no trabaja, no come.