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El perro viejo y el cazador

Nivel B2 · 386 palabras

El perro viejo y el cazador

Érase una vez, al borde de un bosque antiguo donde corrían aguas frescas, vivían un cazador con experiencia y su perro fiel. En su juventud este perro corría tan rápido como el viento y cazaba con maestría hasta las presas más difíciles del bosque. Pero con los años que pasaron su pelo se volvió gris, sus pasos se hicieron lentos y sus dientes afilados perdieron su fuerza vieja. Aun así su amor por su dueño no había disminuido nada, y nunca había renunciado a ir de caza con él. El cazador, en cambio, hacía como que no veía que su perro envejecía y esperaba de él todavía su valor y su agilidad de antes. Mientras las luces amarillas y doradas del sol se colaban entre los árboles, los dos se pusieron otra vez en camino para una gran caza. Poco después dieron con el rastro de un jabalí enorme entre los arbustos espesos.

El cazador gritó con emoción: “¡Vamos, mi valiente amigo, muéstrate y atrapa esa presa!” Cuando el perro viejo oyó la voz de su dueño, reunió toda su fuerza y se lanzó hacia adelante. Después de una persecución sin piedad en lo hondo del bosque, logró acorralar al animal que huía. Con gran esfuerzo agarró a la presa por la oreja y empezó a esperar a que llegara su dueño. Pero sus dientes, que envejecían y se debilitaban, no pudieron aguantar más a este animal fuerte. El perro, cuya mandíbula perdió la fuerza, dejó escapar la presa sin querer, y el jabalí se perdió en el bosque. En ese momento el cazador, que corrió junto al perro, se enfureció al ver que la presa había escapado.

El hombre enfadado empezó a acusar de deslealtad a su amigo fiel con palabras duras. El perro viejo bajó la cabeza con vergüenza y miró a su dueño con ojos llenos de tristeza. Tomando la palabra con calma dijo: “No te enfades conmigo, mi amo; mi intención no era entristecerte sino hacerte feliz.” “Mi corazón sigue siendo tan fiel como antes, pero mi cuerpo viejo ya no obedece a mi fuerza.” “En vez de mirar mi debilidad de hoy y enfadarte, recuerda los servicios que hice por ti en mi juventud.” El cazador sintió una vergüenza profunda ante estas palabras llenas de sentido, abrazó a su perro y le pidió perdón. El trabajo pasado y la lealtad nunca deben olvidarse a causa del desamparo que trae la vejez. Haz el bien y échalo al mar; si el pez no lo sabe, lo sabe el Creador.