El perro que persigue al lobo
Un perro de caza empezó a correr vanagloriándose detrás de un lobo que no pudo atacar al rebaño y se retiró. Pensando "¡Tiene miedo de mí y está huyendo!", el perro hizo una exhibición ante todos de que estaba persiguiendo al lobo. Al llegar a un rincón apartado, el lobo se detuvo, se dio la vuelta de repente, enseñó sus dientes afilados y gruñó horriblemente. Al ver la majestad del lobo, el perro se aterrorizó, se dio la vuelta, se metió la cola entre las patas y huyó hacia la aldea.
Quienes confunden la retirada temporal o la táctica del enemigo con su propio éxito y se vanaglorian experimentan una gran decepción y deshonra en el momento de la verdadera confrontación. La autoconfianza vacía y subestimar el peligro hacen que la persona quede en ridículo. Caminar hacia un oponente sin sopesar correctamente su fuerza sale por la culata. Cuando el peligro real se pone de frente, los falsos heroísmos llegan a su fin.
Uno no va hacia el peligro con autoconfianza vacía ni huye al confrontar. La autoconfianza vacía trae vergüenza. Subestimar el peligro deja en ridículo. La retirada del enemigo no es victoria.
El falso heroísmo termina con la confrontación. Sopesar correctamente la fuerza del oponente es fundamental. La vanagloria vacía no se sostiene ante el poder real.