El perro en el banquete
Un perro afortunado que vivía en una rica mansión invitó a su amigo de la calle a cenar al enterarse de que por la noche se daría un gran banquete. Cuando llegó la hora del banquete, el perro callejero que se coló en la cocina vio carnes deliciosas en las mesas y se desmayó de apetito. Sin embargo, el cocinero enfadado que se dio cuenta del perro no invitado que se deslizaba por la cocina moviendo la cola lo agarró de inmediato por la pata. El cocinero levantó al perro callejero por los aires y lo arrojó por la ventana a la calle; el perro se estrelló contra el suelo de dolor.
Cuando otros perros de la calle preguntaron con alegría "¿Qué tal el banquete, comiste mucho?", el perro apaleado dijo: "Bebí tanto que ni me acuerdo de dónde pisé ni por dónde salí." Quienes intentan entrar sin invitación y sin merecerlo en asambleas sufren grandes daños y vergüenzas. Quienes no conocen su lugar e intentan darse un banquete confiando en el poder de otro pagan caros precios. Quienes ponen los ojos sin permiso en la casa y la mesa de otro quedan en ridículo y son arrojados a la calle.
Quien va sin invitación sufre castigo. Quien entra sin permiso recibe una paliza. Quien no conoce su lugar queda en ridículo. Quien pone los ojos en la mesa de otro se queda con hambre.
Un invitado no invitado es arrojado por la puerta. Quien confía en su suerte encuentra problemas. Conocer el propio lugar es la mayor virtud.