El perro de caza
Un leal perro de caza que era rápido y valiente en sus años de juventud había conseguido innumerables presas para su amo. Al pasar los años y envejecer, un día en el bosque el perro atrapó a un gigantesco jabalí por la oreja. Sin embargo, cuando sus dientes cariados por la vejez no pudieron sostener la oreja del jabalí y resbalaron, la presa se escapó de sus garras. Al enfadarse el cazador tras la presa escapada, intentó regañar y golpear a su viejo perro.
El viejo perro dijo a su amo: "Señor, no te enfades conmigo; mi espíritu e intención eran de nuevo sostener la presa, pero mi cuerpo y dientes envejecidos perdieron su fuerza, recuérdame por mis servicios pasados." Cuando las personas envejecen y pierden fuerzas, los grandes servicios y la lealtad que mostraron en el pasado no deben olvidarse. El desgaste del cuerpo y la vejez son un proceso natural; hacer una injusticia a los ancianos y mostrar deslealtad es vergonzoso. Juzgar la lealtad y el trabajo del pasado por la impotencia de la vejez es una gran deslealtad.
Los servicios pasados no deben olvidarse debido a la debilidad de la vejez. La fidelidad a las promesas se aplica también en la vejez. El cuerpo envejece pero la lealtad permanece. El respeto por el trabajo pasado es esencial.
Regañar al anciano es deslealtad. La fuerza juvenil es temporal. El servicio fiel no se olvida.