El perro con el cascabel
Había un perro agresivo que se acercaba en secreto a la gente en la calle y le mordía las piernas. Su dueño ató un pesado cascabel que hacía ruido al cuello del perro para advertir a la gente y anunciar la llegada del perro. Al oír el sonido del cascabel en su cuello, el perro agresivo pensó que había recibido un premio muy importante y empezó a caminar con orgullo por el mercado. Un perro viejo que paseaba por allí lo vio y dijo: "¿Por qué estás tan orgulloso? Ese cascabel no es un premio para ti, sino una marca de vergüenza por tu astucia y tu maldad."
Quienes sacan orgullo de sus propios defectos y de los castigos que reciben no se dan cuenta de que en realidad están exhibiendo su deshonra. Los comportamientos censurados y advertidos por la sociedad no pueden ser motivo de orgullo. Quienes confunden sus vergüenzas con el honor quedan condenados a la vergüenza ante la sabiduría. El verdadero honor y la reputación se ganan mediante acciones adecuadas.
El castigo y las marcas de vergüenza no deben ser motivo de orgullo. Del deshonor no nace el orgullo. Una marca de vergüenza no se considera honor. No confundas el castigo del mal con un premio.
Quien se deja engañar por las apariencias queda en ridículo. La verdadera reputación está en la honestidad. Aceptar el propio defecto es madurez.