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El pavo real y su voz

Nivel B2 · 361 palabras

El pavo real y su voz

Érase una vez, en las profundidades de un bosque encantador donde florecían flores de colores, un pavo real magnífico. Este pavo real dejaba admirados a todos los seres del bosque con sus plumas verde esmeralda y azules que brillaban a la luz del sol. Cuando abría su espléndida cola como un abanico, hasta el viento se detenía y contemplaba esta belleza única. Pero aunque era tan hermoso, en el corazón del pavo real orgulloso había una inquietud escondida. Cada vez que oía su propia voz caía en una tristeza profunda, y su alegría desaparecía en un instante. Una mañana de primavera empezó a escuchar la canción encantadora del ruiseñor que subía entre las ramas. Mientras la dulce voz del ruiseñor resonaba en el bosque, los celos y la pena del pavo real crecían aún más.

“Dios mío, me diste un aspecto tan magnífico, pero ¿por qué hiciste mi voz tan fea?”, exclamó. Llorando, se presentó ante Juno, la diosa protectora del bosque, y le contó su estado. “Oh diosa sublime, ¿por qué la voz del ruiseñor encanta a todo el que la oye mientras la mía araña los oídos?”, dijo. La diosa Juno miró con ternura pero con firmeza a esta hermosa ave, de cuyos ojos caían lágrimas. El pavo real, pensando que había sufrido una injusticia, sostuvo que una voz dulce también era su derecho. Afirmó que todas las aves lo admiraban pero se burlaban de él por su voz. Con una dulce sonrisa, la diosa Juno le recordó al ave orgullosa el equilibrio justo de la naturaleza.

“A cada ser vivo se le ha dado un don distinto; a ti una belleza única, y al ruiseñor una voz dulce”, dijo. Mientras la fuerza del águila conquista los cielos, tu cola lleva todos los colores del cielo. Si no conoces el valor de los dones que tienes, las ventajas de los demás solo te dan dolor. El pavo real se avergonzó ante estas palabras sabias y bajó la cabeza. Desde aquel día, en lugar de envidiar los talentos de los demás, aprendió a vivir feliz con sus propias plumas magníficas. Cuando la persona se da cuenta de los valores únicos que tiene en su mano, deja de envidiar las ventajas de los demás y alcanza la paz verdadera. Los cinco dedos de la mano no son iguales.