El Pajarero y la Perdiz
Hace mucho tiempo, un alegre pajarero vivía junto a un viejo bosque. Cada mañana madrugaba y ponía grandes redes en los verdes prados. Las aves de colores adoraban su dulce silbido. Un día, una perdiz pequeña y bonita cayó en su jaula. La perdiz asustada batió las alas y empezó a llorar. El pajarero encendió el fuego y preparó la olla para cenar.
Desesperada por vivir, la perdiz decidió halagar al pajarero. «Por favor, déjame vivir; puedo ayudarte», dijo la perdiz. El pajarero preguntó: «¿Cómo puede ayudarme un ave tan pequeña?» La perdiz hizo rápidamente un plan y ofreció una trampa. «Llamaré a otras perdices y las atraeré hasta tu red». Al oír aquellas palabras crueles, el pajarero frunció el ceño sorprendido.
Sacó la perdiz de la jaula, pero no la liberó. «Nunca confío en un ave que traiciona a sus amigas», dijo. La perdiz cruel comprendió su error, pero ya era tarde. Sin piedad, el pajarero cocinó la perdiz desleal para cenar. Quienes traicionan a sus amigos por interés acaban perdiendo solos. Quien cava una fosa para otros cae en ella.