El oso y el zorro
Hace mucho tiempo, un oso enorme vivía al borde de un viejo bosque por donde corrían aguas frescas. Este oso siempre se consideraba un animal muy bueno y compasivo. Los otros lindos animales pequeños del bosque tenían mucho miedo de su gran cuerpo. El oso presumía constantemente y decía que nunca hacía daño a nadie.
«Nunca hago daño a los vivos, ni siquiera toco los cuerpos muertos», decía el oso. Al oír esto, el zorro astuto se acercó al oso con una sonrisa. «Ojalá dejaras en paz a los vivos y solo tocaras a los muertos», dijo el zorro. «Porque el miedo que das a los vivos es mayor que el respeto que das a los muertos», añadió.
El oso comprendió que sus palabras adornadas no podían ocultar sus propios errores. Obras son amores y no buenas razones. Lo que importa no es la charla, sino la acción. Una persona que se alaba a sí misma no puede ser convincente. La bondad no se hace con palabras. El verdadero carácter se revela en las acciones.
Las palabras bonitas no tapan los errores. Hay que respetar a las personas vivas. Del dicho al hecho hay mucho trecho. Las acciones hablan más fuerte que las palabras. La bondad se demuestra en el comportamiento, no en las palabras.