El olivo y los demás árboles
Hace mucho tiempo crecían árboles altos junto a un arroyo fresco. Allí vivían pinos altos, robles fuertes y un humilde olivo. Cuando soplaba el viento, los árboles susurraban y los pájaros cantaban. Todos los árboles parecían felices, pero no tenían ningún jefe. Un día los árboles decidieron elegir un rey. Primero fueron al viejo olivo, el más útil de todos.
El roble dio un paso y lo llamó con voz fuerte. "¡Oh olivo, eres muy sabio y muy valioso!", dijo. "Por favor, sé nuestro rey y gobiérnanos a todos", añadió. El olivo movió sus hojas verdes y respiró hondo. Pensó en sus frutos y en su buen aceite para la gente. "Mi tarea es dar aceite sano a la gente", dijo. "No puedo dejar mis frutos para gobernar a otros", respondió.
Rechazó la oferta con amabilidad y los otros árboles se sorprendieron. Entendieron cuánto quería su propio trabajo útil. Los árboles aprendieron que el buen trabajo vale más que un cargo. El olivo siguió viviendo feliz en su propia rama. El trabajo útil vale siempre más que un cargo vacío. El árbol se conoce por su fruto.